Publicado por e2000 en 25 Julio, 2008
Me parecen muy oportunas las palabras del Obispo de Cuenca, Obispo José María Yanguas Sanz, en oportunidad de la entrevista que realizara la Agencia Fides.
Cuenca es una ciudad de España donde hoy en día llegan muchas familias emigrando de sus tierra donde no pudieron conseguir aquello que buscaban y que tiene pastoralmente el desafío de evangelizar a estos hombres y mujeres que llegan de distintos lugares.
Decía el Obispo: “La Iglesia ha sabido hacer frente a este fenómeno fundamentalmente renovando el sentido de la acogida” donde acogida para Mñor José María significa en sus propias palabras “ponerse a disposición de estas personas que tienen carencias sobre todo en los primeros momentos: idioma, cultura. Son personas que se encuentran en situaciones laborales nuevas, con dificultades y problemas, que a veces tocan sus derechos fundamentales, que son además los derechos fundamentales de la persona“.
Acogida, para la Iglesia, no puede limitarse a un trabajo, ciertamente necesario, de caridad. La relación con el mundo de la emigración no puede limitarse a la Caritas. La Iglesia tiene la misión de evangelizar.
En otros tiempos hemos ido de Europa hacia los nuevos países en los nuevos continentes, con nuestros misioneros, para evangelizar aquellas tierras. Ahora son muchas las personas de aquellas tierras que vienen a este “viejo” continente, a España, a esta diócesis de Cuenca, y la Iglesia debe sentir el desafío de la evangelización.
Ojalá comprendiéramos todos los cristianos la importancia que tiene la buena acogida de los hermanos en nuestras comunidades, el diálogo, la ayuda y, en una palabra, la fraternidad. Esto de hacerles sentir a todos la “cordial pertenencia a la Iglesia”, este anunciarles que Dios llama y ama a todos sin excluir a nadie.
Y Dios no ayude a comprender pronto también a todos los bautizados la importancia que tiene el anuncio explícito del evangelio, esa dimensión profética de la evangelización que sumada a la acción cordial y caritativa muestra el verdadero rostro de la Iglesia que anuncia a Cristo.
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Publicado por e2000 en 19 Julio, 2008
Hoy reflexionamos sobre la alegría de María, y no es difícil imaginar que la Virgen María vivió toda su vida alegre, sonriente, con una felicidad auténtica y plena.
Pero, ¿porque aseguramos que María vivió continuamente en la alegría? Acerquémonos a las Sagradas Escrituras y veamos el fundamento de su felicidad, de su alegría.
En muchos pasajes de los evangelios podemos ver actitudes y palabras de alegría de la Virgen María, pero el más conocido de todos estos pasajes es sin dudas la alabanza que ella hace a Dios después del cálido recibimiento de su parienta Isabel cuando María fue a visitarla. Lo conocemos como el canto del Magníficat.
Este canto, es la expresión mayor de la alegría de María y si lo leemos detenidamente podemos encontrar los motivos de la felicidad de la Madre de Dios y nuestra Madre.
Lo primero que debemos recordar es el contexto en que se produce el Magníficat. Versículos antes nos cuentan que esta joven de Nazareth tuvo la experiencia más importante de su vida: El encuentro con Dios, con un Dios que la llama “Amada”, “llena de gracia”, “llena de Dios”, un Dios que le anuncia, como pidiendo permiso, ser la Madre del Salvador. Este encuentro con Dios la lleva a exclamar “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. María encuentra su alegría en el encuentro con Dios.
Pero este encuentro con el Señor no fue un encuentro casual, ni tampoco un encuentro estéril, fue un encuentro donde María supo encontrar la felicidad poniendo su vida a disposición de Dios, María supo decir “SI” al Señor y Dios viendo la predisposición de María, su entrega generosa, la colmó de bendiciones, por eso María canta: “El poderoso ha hecho grandes cosas en mí…” y también en su canto agrega: “porque se fijó en la humildad de su esclava, y desde ahora me llamarán feliz todas las generaciones”. Lejos de entristecer su vida, María encuentra su felicidad entregándose a Dios, diciéndole “SÍ”.
Y este entregarse de la Virgen de Nazareth, no fue solo un Sí de palabra. Enseguida se demostró en actitudes, en acciones y lo primero que cuenta san Lucas es que viaja a visitar a su parienta Isabel y se pone a servirla y ahí sirviendo es donde María realiza este canto. Encontramos entonces que el servir de la virgen, no era un servicio forzado, no fue como el de un jornalero, sino un servicio en la alegría, en la felicidad que significaba llevar la presencia de Dios, el amor de Dios a otros que lo necesitan. María halló la felicidad y la alegría en el servir.
Hemos revisado solo algunos versículos del magníficat y ya encontramos muchos motivos para alegrarnos con María. Si vivimos nuestra vida como la vivió nuestra Madre, si nos dejamos encontrar por Dios; si nos animamos a decirle “Sí” como ella lo hizo y a entregarle totalmente nuestra vida a Dios, sirviendo a los demás sin mirar solamente nuestras necesidades, entonces encontraremos los mismo motivos de la Alegría de María.
Hoy la Virgen te invita a encontrarte con Dios, a decirle Sí y a entregarle tu vida para comenzar a vivir la alegría del servicio. Anímate, este es el momento oportuno, la vida puede estar llena de tristezas pero Dios quiere hoy poner en tu vida, en tu corazón la misma alegría de María.
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