Publicado por e2000 en 2 Agosto, 2008
El día del amigo mi Padre recibió como regalo 2 libros que él los define como excelentes!! Uno de ellos, ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? de el cardenal Carlo M. Martini, ahora lo estoy leyendo yo y la verdad que no tiene desperdicio.
Si bien hay muchas cosas que me tocan al corazón de esta obra, quiero compartir con uds esta pregunta que se hace el cardenal y que nos cuestiona a nosotros también como evangelizadores: ¿Qué tiene que ver esto con el evangelio? Interrogante que debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida.
Como dice el cardenal Martini, se trata de una aplicación de la centralidad del evangelio, del primado del kerigma. Porque, si el kerigma evangélico es verdaderamente la realidad primaria, nuclear, del cristianismo, es preciso que el modo de ser de nuestra vida, el modo de ser de la Iglesia, manifieste un reflejo de dicho kerigma.
Entonces conviene preguntarnos siempre, a cada momento: con mi vida, ¿qué he hecho y dicho del evangelio? con mis palabras, ¿Qué contienen mis palabras? ¿contienen evangelio o solo información, datos, instrucciones, órdenes?.
Este ejercicio nos lleva nos lleva a reconocer la siempre vigencia del evangelio en nuestras vidas, reconocer la importancia de la palabra.
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Publicado por e2000 en 17 Septiembre, 2007
Una de las cosas de las que más me ha gustado del documento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe es el énfasis que le pone al encuentro con Cristo.
Ya en la introducción del documento, en el #11, cuando habla de “confirmar, renovar y revitalizar la novedad del evangelio” subraya que debe hacerse desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo.
En el número siguiente cuando habla de que nuestra fe no resiste a los embates del tiempo si está reducida a “bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas…” nos señalan los obispos, tomando el texto de la NMI que nos toca “recomenzar desde Cristo” y apuntan que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea sino por el encuentro con Cristo.
Seguimos en el #13 cuando señala el desafío de “revitalizar nuestro modo de ser católico” como una condición necesaria “para que la fe se arraigue más en el corazón de las personas y los pueblos como un acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo“.
Y en el #14 donde marca el “reto fundamental” de mostrar la capacidad de la iglesia para promover y formar discípulos y misioneros (temas interesantes que tocaremos en próximas entradas) que deben comunicar por doquier sobre todo el don del encuentro con Jesucristo.
Un encuentro que llega a ser tan importante que cambia la vida de los que se encuentran con ÉL como nos dicen en la primera parte del documento, momento en que los obispos cuentan que la cantidad de peregrinos a Aparecida les hace recordar “a los primeros seguidores de Jesucristo“, ellos “vivieron la historia de su pueblo y de su tiempo… sin olvidar el encuentro más importante y decisivo de su vida” el encuentro con Jesús, su roca, su paz, su vida.
Un encuentro que es causa de alegría y no una carga como expresan en el #28 y que quieren que llegue a todos, a todos cuantos yacen al borde del camino, porque esta alegría es “antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio” (#29). El encuentro con Cristo es el mayor tesoro que podemos ofrecer (#95).
Cómo verán es muy rico el tema y aún nos quedan por mirar la 2da y 3ra parte del documento. Estoy seguro que como dice en el #99 todos estamos haciendo esfuerzos para que estos encuentros se produzcan cada vez más en nuestras parroquias, movimientos, pastorales, etc. pero también me parece que es un buen momento para poner mayor énfasis a estos esfuerzos pastorales que son la base de la vida de discípulos.
No se puede ser discípulos de Jesús sin encuentro personal con Él. Se puede ser admirador, pero no discípulo. Se puede ser fan pero no discípulo. Siempre es necesario ese encuentro personal, cara a cara, corazón con corazón, ese encuentro de ojos abiertos y de corazón palpitante. Sino cualquier esfuerzo por formar discípulos misioneros es estéril.
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