Evangelización

Es hora de evangelizar.

Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

¿Quid hoc ad evangelium?

Publicado por e2000 en 2 Agosto, 2008

El día del amigo mi Padre recibió como regalo 2 libros que él los define como excelentes!! Uno de ellos, ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? de el cardenal Carlo M. Martini, ahora lo estoy leyendo yo y la verdad que no tiene desperdicio.

Si bien hay muchas cosas que me tocan al corazón de esta obra, quiero compartir con uds esta pregunta que se hace el cardenal y que nos cuestiona a nosotros también como evangelizadores: ¿Qué tiene que ver esto con el evangelio? Interrogante que debe abarcar todos los aspectos de nuestra vida.

Como dice el cardenal Martini, se trata de una aplicación de la centralidad del evangelio, del primado del kerigma. Porque, si el kerigma evangélico es verdaderamente la realidad primaria, nuclear, del cristianismo, es preciso que el modo de ser de nuestra vida, el modo de ser de la Iglesia, manifieste un reflejo de dicho kerigma.

Entonces conviene preguntarnos siempre, a cada momento: con mi vida, ¿qué he hecho y dicho del evangelio? con mis palabras, ¿Qué contienen mis palabras? ¿contienen evangelio o solo información, datos, instrucciones, órdenes?.

Este ejercicio nos lleva nos lleva a reconocer la siempre vigencia del evangelio en nuestras vidas, reconocer la importancia de la palabra.

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La alegría de María

Publicado por e2000 en 19 Julio, 2008

Hoy reflexionamos sobre la alegría de María, y no es difícil imaginar que la Virgen María vivió toda su vida alegre, sonriente, con una felicidad auténtica y plena.
Pero, ¿porque aseguramos que María vivió continuamente en la alegría? Acerquémonos a las Sagradas Escrituras y veamos el fundamento de su felicidad, de su alegría.
En muchos pasajes de los evangelios podemos ver actitudes y palabras de alegría de la Virgen María, pero el más conocido de todos estos pasajes es sin dudas la alabanza que ella hace a Dios después del cálido recibimiento de su parienta Isabel cuando María fue a visitarla. Lo conocemos como el canto del Magníficat.
Este canto, es la expresión mayor de la alegría de María y si lo leemos detenidamente podemos encontrar los motivos de la felicidad de la Madre de Dios y nuestra Madre.
Lo primero que debemos recordar es el contexto en que se produce el Magníficat. Versículos antes nos cuentan que esta joven de Nazareth tuvo la experiencia más importante de su vida: El encuentro con Dios, con un Dios que la llama “Amada”, “llena de gracia”, “llena de Dios”, un Dios que le anuncia, como pidiendo permiso, ser la Madre del Salvador. Este encuentro con Dios la lleva a exclamar “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. María encuentra su alegría en el encuentro con Dios.
Pero este encuentro con el Señor no fue un encuentro casual, ni tampoco un encuentro estéril, fue un encuentro donde María supo encontrar la felicidad poniendo su vida a disposición de Dios, María supo decir “SI” al Señor y Dios viendo la predisposición de María, su entrega generosa, la colmó de bendiciones, por eso María canta: “El poderoso ha hecho grandes cosas en mí…” y también en su canto agrega: “porque se fijó en la humildad de su esclava, y desde ahora me llamarán feliz todas las generaciones”. Lejos de entristecer su vida, María encuentra su felicidad entregándose a Dios, diciéndole “SÍ”.
Y este entregarse de la Virgen de Nazareth, no fue solo un Sí de palabra. Enseguida se demostró en actitudes, en acciones y lo primero que cuenta san Lucas es que viaja a visitar a su parienta Isabel y se pone a servirla y ahí sirviendo es donde María realiza este canto. Encontramos entonces que el servir de la virgen, no era un servicio forzado, no fue como el de un jornalero, sino un servicio en la alegría, en la felicidad que significaba llevar la presencia de Dios, el amor de Dios a otros que lo necesitan. María halló la felicidad y la alegría en el servir.
Hemos revisado solo algunos versículos del magníficat y ya encontramos muchos motivos para alegrarnos con María. Si vivimos nuestra vida como la vivió nuestra Madre, si nos dejamos encontrar por Dios; si nos animamos a decirle “Sí” como ella lo hizo y a entregarle totalmente nuestra vida a Dios, sirviendo a los demás sin mirar solamente nuestras necesidades, entonces encontraremos los mismo motivos de la Alegría de María.
Hoy la Virgen te invita a encontrarte con Dios, a decirle Sí y a entregarle tu vida para comenzar a vivir la alegría del servicio. Anímate, este es el momento oportuno, la vida puede estar llena de tristezas pero Dios quiere hoy poner en tu vida, en tu corazón la misma alegría de María.

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La importancia de la oración

Publicado por e2000 en 30 Julio, 2007

La importancia de la oraciónAyer por la mañana escuchaba la siempre instructiva homilía del P. Oscar Varangot S.J. en la Parroquia Santo Mártires acerca de la importancia, la eficacia y el poder de la oración.

Confieso que me hizo pensar bastante todo lo que dijo, pero sobre todo me animó a escribir este post, porque aveces en el servicio de Evangelización Dosmil no le damos suficiente importancia al curso de oración que por gracia de Dios algunos hermanos están dispuestos a compartirlos con los que se lo pidan. Quizás las razones sean las mismas por la que muchos “cristianos” ya no oran, o si lo hacemos, lo hacemos mal, sin ponerle el corazón.
Por eso quiero animar a todos a que oremos unos por otros para que seamos personas de oración, a que aprovechemos todas las instancias de oración que nos propone la Iglesia, abriéndonos a la posibilidad de ayudar y ser ayudados por otros en este camino de oración.

Por último, para aquellos que arda en su corazón el deseo de evangelizar y que por distintas circunstancias no pueden hacerlo activamente saliendo a la calle o visitando casas, Evangelización Dosmil les invita a unirse a la Red de Oración, esta campaña de oración que la venimos impulsando desde el inicio de nuestra actividad consientes de que sin la ayuda de Dios nada podemos hacer. De esta manera estarás sosteniendo el esfuerzo de muchos evangelizadores que precisan de tu compañía en la oración y consiguiendo de Dios las gracias necesarias para que tantos corazones se abran a la Palabra de Dios proclamada.

Ánimo, Dios te escucha. Sigue orando.

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Llamados a la PAZ

Publicado por e2000 en 13 Febrero, 2007

Uno de los males de nuestro tiempo sin duda es la ausencia de paz. Necesito un poco de paz, es el comentario que a menudo escuchamos de jóvenes, adultos, ancianos, ricos o pobres, todos experimentan en mayor o menor medida este mal que nos hace caminar muchas veces por caminos errados en busca de lo que encontraremos únicamente en los brazos de Dios.

Quienes más sufren suelen ser aquellos que careciendo de ella, no pueden distinguir su ausencia. Ya se han acostumbrado a esa sensación de insatisfacción, de intranquilidad y están sumergidos hace tiempo en una vida displacentera donde todo ocurre porque tiene que ocurrir, donde uno vive porque respira y respira porque el aire es gratis. En estas personas no hay lugar para la sorpresa o la novedad, cuando no hay paz no se puede disfrutar, no se puede vivir.

Son muchas las causas de este mal, mucho se ha escrito sobre esto, encontramos por ejemplo la falta de amor a uno mismo, la falta de amor a la vida, las heridas de rechazo causadas desde el mismo momento de nuestra concepción; pasando a otro plano la inseguridad que vivimos en las calles, la falta de trabajo o el trabajo inseguro, el ataque a los valores familiares que observamos en los medios de comunicación, la economía, la política, la sociedad; son muchos los posibles factores que intervienen.

Es bueno sin embargo que nos detengamos hoy a meditar no solo en el problema sino sobre todo en la paz. Recordemos el texto del libro del Génesis donde Dios crea todo el universo, toda su creación le parece buena; y como en el momento de crear al hombre a su imagen y semejanza el texto sagrado usa el superlativo diciendo: “Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno” (Gen. 1,31) Volvamos con nuestra imaginación y nuestro corazón a ese sublime momento en que todo se manifestaba como tranquilidad en el orden, donde la naturaleza y el mismo hombre disfrutan del paraíso, donde la creación se deleita de una realidad que perdimos por el pecado, pero que estamos llamados a conquistarla, porque si Dios formó al hombre, en Él y únicamente en Él, este encontrará esa paz que busca. Dios es el creador del universo que con su sabiduría y providencia mantiene todo lo creado con su orden admirable. En Dios está la paz que perdimos, la paz que buscamos. Dios es un Dios de paz.

Así también lo manifiesta el pueblo de Dios en el antiguo testamento, en los salmos encontramos muchos himnos y oraciones donde se pone en evidencia que nuestro Dios es un Dios de paz. “En paz me acuesto y en seguida me duermo, pues tú sólo, Señor, me das seguridad.” (Sal. 4,9) “El Señor dará fuerza a su pueblo, dará a su pueblo bendiciones de paz.” (Sal. 29,11) y Florecerá en sus días la justicia, y una gran paz hasta el fin de las lunas.” (Sal. 72,7) El pueblo que pasó por esclavitudes, que soportó el frío y el calor del desierto, destierros, asedias, ataques de enemigos, divisiones internas y sublevaciones, hambre y sed puede reconocer que solo Yahvé trae la calma, la tranquilidad, el orden a la vida de cada hombre y por lo tanto también a la sociedad.

El profeta Isaías anunciaba: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, príncipe de la Paz.” (Is. 9,5) respondiendo a una realidad dura para el pueblo de Israel cerca del año 730 a.C. cuando el rey de Asiria destruía el reino del norte, aquí hay un pueblo subyugado que encuentra paz no en la fortaleza propia ni en la de lo pueblos vecinos, sino en las promesas de Dios. Y el profeta Jeremías cuando le escribía a los desterrados motivándolos a un arrepentimiento sincero porque se habían alejado de Dios les decía: “Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza” (Jer. 29,11) porque quien está lejos de Dios no puede encontrar sosiego.

Así se muestra Jesús, el Verbo de Dios que habita entre nosotros. ÉL sale a nuestro encuentro, camina a nuestro lado para darnos la paz: “En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: Paz a ustedes.” (Mt. 28,9) Él es el Príncipe de Paz, que al restaura nuestro ser perturbado, divido, y enfermo dejándolo en armonía: “le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad” (Mc. 5,34) Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre que comparte nuestra condición en todo menos en el pecado y es el único que puede darnos este don precioso: “Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: “Paz a ustedes” (Lc. 24,36) Cristo nos deja su paz en forma definitiva e incondicional, distinta a la del mundo que siempre es mezquina e insuficiente para el corazón del hombre: “Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo” (Jn. 14,27).

La Palabra de Dios de principio a fin nos muestra a un Dios de amor y de misericordia, a un Dios que es Paz y da su paz a todos sus hijos, sin excepción. Todos estamos llamados a vivir en paz, todos estamos invitados a vivir la ternura de Dios que es Paz y todos sin salvedad también lo único que debemos hacer es abrir nuestra vida, nuestro corazón de par en par para que este Dios de amor y de paz nos inunde con aquello que tanto buscamos. Recibiendo a Dios recibimos la paz, abriéndonos a nuestro hermano, a aquel que sufre y que es nuestro prójimo recibimos a Dios; acercándonos a los sacramentos recibimos la sanación de la ausencia de paz. Dios está dispuesto a darte su paz que no significa ausencia de problemas pero que te asegura su compañía todos los días y su gracia para superar todas las dificultades. Acerquémonos entonces a Él, vayamos a su encuentro, Él nos espera.



Bendiciones para todos.

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