Dejar solo un enfermo es dejar solo a Cristo, abandonar un enfermo es hacer lo mismo con Cristo ya que en el rostro de cada ser humano, sobre todo si está marcado y desfigurado por la enfermedad, brilla el rostro de Cristo. Oremos para poder imitar a María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra, que con su fe acompañó al Hijo hasta la cruz y estuvo asociada por un designio misterioso a los sufrimientos de Cristo, nunca se cansa de exhortarnos a vivir y a compartir con serena confianza la experiencia del dolor y de la enfermedad, ofreciéndola con fe al Padre, completando así lo que falta en nuestra carne a los padecimientos de Cristo *
Nuestra acción a pesar de ser mia y/o tuya propia debe ser siempre en el marco de la comunidad, voy a visitarlo “yo” pero lo hago en nombre de la comunidad, lo atendés “vos” pero toda la comunidad lo atiende. Es nuestro deber como cristianos, como discípulos de Jesús, manifestar nuestro sentido comunitario y hacerles sentir la cercanía material y espiritual de toda la comunidad cristiana. Ánimo Dios te acompaña.
* Palabras de Benedicto XVI